Redacción//Divergente.info .- Amigo Pontxo, por ahí se dice que en la literatura, los diálogos son músculo, tienen la potencia necesaria para proyectar una multiplicidad de sentidos, cuando en lugar de platicarnos lo que piensa cada personaje, se permite que sean sus acciones las que hablen. En casos como este, la fuerza está en los diálogos. Obviamente, tienen que estar perfectamente acoplados, respondiendo a una lógica narrativa. Pues esta serie de textos de McCarthy, publicados en Random House, están perfectamente calibrados. No son como en el teatro, donde el autor orienta sobre escenarios, aquí todo queda libre a la imaginación del director-lector, lo que de cierta forma resulta un ejercicio agradable, pues obliga a estar atento a las pistas que los diálogos pueden ofrecer sobre cada personaje.

El libro va de un abogado que incursiona en el negocio del narcotráfico, ya sabe, la ambición del poder y el dinero. Como película fue un fracaso, vaya usted a saber las razones (le confesaré que ni siquiera la he visto, el libro me atrajo por su autor, no por los actores). En la historia podemos ver tanques de desechos residuales llenos de droga (y un cadáver, travesura de los que han empaquetado la droga en la frontera), un motociclista decapitado cuando conduce a toda velocidad por la carga y el robo de la droga. El abogado debe justificar que ha liberado a quien urde el crimen, pues los narcos lo acusan a él y tras secuestrar a su novia, debe rescatarla.

Los enredos en la obra son los que provocan la necesidad de llegar al final, para saber en qué terminará el embrollo, y aunque no lo parezca, eso no lo logra cualquiera. McCarthy es un bicho raro, ganó el pulitzer con su novela ‘La Carretera’, ha dado pocas entrevistas en su vida (es una especie de anacoreta, por lo menos ante los medios de comunicación) y prefiere la compañía de científicos a la de escritores y artistas.