Misulivan Rosales //Divergente.info.- San Cristóbal recordará de manera triste el 28 de mayo del 2020, pues ese día perdió a una de sus leyendas deportivas, Armando Gutiérrez, mejor conocido como “Blacky” Gutiérrez, personaje que le dio glorias y reconocimientos al deporte coleto. 

Te compartimos una entrevista que se realizó hace algunos años, donde el “Blacky” Gutiérrez nos comentó los momentos que vivió disfrutando una de sus pasiones: el box.

 

Pasión por el deporte

La dedicación y pasión que tenía por el boxeo solo era descriptible viéndolo personalmente. Sus enseñanzas se proyectaban desde su larga trayectoria como boxeador y entrenador, consiguiendo transmitir a sus alumnos todo ese entusiasmo que se aloja dentro de su buena condición humana, ayudando a generar además de grandes deportistas, mejores personas.

Armando Gutiérrez Pérez mejor conocido como “Blacky” Gutiérrez fue un reconocido boxeador coleto que indiscutiblemente se ganó el cariño y respeto de los sancristobalenses.

Nació el 14 de marzo de 1940 en San Cristóbal de Las Casas, pero los primeros años de su vida transcurrieron en la Ciudad de México donde desde pequeño tuvo diferentes trabajos debido a la difícil situación económica que atravesaba su familia.

Desde ayudante de albañil, pepenador, voceador, entre otros oficios, forjaron el carácter de quien años más tarde se convertiría en un representante del deporte sancristobalense.

“Nunca fui a la escuela, mi lengua y forma de expresar ha nacido de mí mismo, siempre he sido respetuoso con todas las personas”.

Desde temprana edad tuvo una gran pasión por la lucha libre pero cuando descubrió el box supo que debía ser parte de su vida, comenzó su entrenamiento en el gimnasio Mariano Escobedo y después en el gimnasio Martín Carrera, donde permaneció e inició sus peleas en 1952 a los 12 años.

 

Volver al origen

Regresó a San Cristóbal de Las Casas donde continuó entrenando con sus propios recursos y peleando bajo el nombre de “Maestrito Pérez”.

“Las peleas en esos años eran muy diferentes a las de ahora, podría decirse que eran peleas campales, subían cuatro personas al ring, parecido a la lucha libre, y nos arrojaban monedas de 2 centavos y cuando nos iba bien, billetes de 1 peso, sobre todo en Comitán.  Era poco dinero pero sabíamos que no había de otra, si queríamos comer teníamos que pelear mejor”.

En sus primeros dos años obtuvo 20 peleas de las que salió invicto gracias a su gancho al hígado, un golpe muy característico de él y por el que llegó a ser reconocido como “el rey del gancho al hígado”.

En 1954, a los 19 años adopta el sobrenombre del “Blacky” Gutiérrez en homenaje a uno de sus ídolos el “Blacky” Mejía.

“Fui conocido con diferentes sobrenombres en los lugares a los que iba, en Comitán me decían el ‘peleador de 22 quilates’, en Tuxtla Gutiérrez el ‘maestro del ring’, lo mismo sucedía en Tonalá y en Tapachula”.

Campeón estatal de box

Luego de tormentosas y difíciles peleas, se le presentó la oportunidad de combatir con el “Baby” Terranova, originario de la capital chiapaneca, quien sustentaba el título estatal y que gracias a su constante entrenamiento logró vencer en 1959 en la cancha Matías de Córdova ahora auditorio municipal de Tuxtla Gutiérrez.

“Para el round 8 ‘Baby’ Terranova no se dejó caer luego de un fulminante gancho al hígado y se limitó a correr a su esquina para enderezarse de nuevo aparentando seguridad, fue ahí que supe que ya era campeón”.

“Después de esta pelea logré ganar más dinero con lo que me gustaba hacer, antes eran centavos o 1 peso y después de esto ya eran 5 pesos”.

Con tristeza, recordó cómo hace algunos años, después de varios días de lluvia en San Cristóbal de Las Casas, el río Amarillo, cercano a su casa, se desbordó llevándose parte de su legado como deportista: fotografías, papeles, equipo de boxeo, entre otras cosas que le hacían recordar esa gran etapa de su vida.

 

La pelea más importante de su vida

Tuvo en puerta la pelea por el campeonato nacional, pero quien le ganó dicha batalla fue el alcohol, vicio que estuvo con él por varios años; pero la angustia no abandonó al boxeador porque él conoce el nocaut en carne propia y gracias a su familia y seres queridos el campeón encontró la reivindicación y orgullosamente tiene más de 35 años sin recurrir al alcohol o al cigarro.

El alcohol no logró vencerme pero sí quitarme algo que amaba, que es la seguridad de subirme al ring y practicar el deporte”. Además comentó sentirse muy contento y motivado.

Se puede pensar que Armando Gutiérrez ya no ejercía el deporte, pero la preparación del sancristobalense a lo largo de su vida eran los de un auténtico campeón que lo hicieron capaz de lograr su objetivo de preparar a los jóvenes en el deporte.

Su trayectoria era su mejor aval y luego de ser el estelar sobre el encordado; desde abajo, se encargaba de forjar nuevos pugilistas. Así lo recordarán los sancristobalenses.