Por @Vlátido

Uno

En su ya clásico libro Una epistemología del Sur (Siglo XXI, 2009), Boaventura de Sousa plantea la idea de epistemicidio. Con ella pretende señalar cómo algunos conocimientos, específicamente los tradicionales, populares y propios de grupos subalternos, han sido olvidados frente a la ciencia.

            Hace un recorrido histórico que muestra los intereses políticos que han llevado a la ciencia a ser el único conocimiento válido, según los paradigmas epistemológico occidentales. Entendemos, luego entonces, que la estructura de pensamiento occidental se impuso sobre las demás de la mano de su ethos colonial, que garantizaba el dominio de la naturaleza y de la sociedad.

            Frente a esta postura de avasallamiento, de a poco han surgido epistemologías decoloniales, aquellas que engloban saberes y prácticas propias de los pueblos que se han situado al margen y en frontera de Occidente. América Latina ha sido uno de los bastiones contra el epistemicidio.

 

Dos

En el año 2015 el semanario francés Charlie Hebdo sufrió un atentado terrorista en sus instalaciones. Dos personas de origen musulmán, fuertemente armados, entraron a sus oficinas, matando a doce personas e hiriendo a otro tanto similar. El tiroteo se realizó mientras los atacantes gritaban “Alá es el más grande”.

            Charlie Hebdo es un semanario satírico, de posturas contrarias a los fundamentalismos, las derechas y las religiones. Justamente algunos años atrás había realizado publicaciones contra el islam, caricaturizando a Mahoma, su profeta, y burlándose de dicha religión.

            Estas publicaciones, así como su consecuencia, el tiroteo, volvió a poner a discusión los límites de la libertad de expresión. Las posturas nunca dejaron de ser maniqueas, algunas proclamando el sentido de libertad ante todo, y otras acotando sus límites. Esta palabra parece definir el debate: liberticidio.

 

Tres

El actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha fundamentado en la lucha contra la corrupción y el ahorro en el gasto público. Con lo segundo, se entiende, busca obtener la mayor cantidad de dinero que le permita sostener sus programas, que en esencia buscan atender a sectores de la población históricamente desfavorecidos según clase social.

            Sin embargo, la prensa, activistas y los mismos integrantes de su gabinete han denunciado escandalosamente los recortes al presupuesto. Con ello, sostienen, se entorpece el funcionamiento de las dependencias y limita su capacidad para alcanzar objetivos. La respuesta, nunca rápida y algunas veces inferida, ha sido que dichos recortes se han hecho a actividades no esenciales.

            Lo anterior probablemente sea un auténtico austericidio, una forma de matar una política pública destinada al ahorro. El tiempo lo dirá, sobre todo si pensamos que en apenas dos años no hay indicadores sólidos para evaluar dicha política.

 

Muerte chiquita

En la sección de abarrotes se encontraron.

Después de saludarse de beso, avanzaron por los pasillos del supermercado.

            —Señores —dijo el guardia de seguridad— ustedes vienen juntos ¿verdad? No está permitido a más de dos integrantes por familia debido a la pandemia.

            —No —dijo él.

            —En mi vida lo he visto —aseguró ella.

            Se separaron rápidamente y caminaron rumbos propios, hasta encontrarse nuevamente en casa.

 

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