Por @Vlátido

 

En Chiapas las rebeliones indígenas han sido temas de la historiografía y la literatura. Al respecto se han escrito diversos trabajos académicos, abordados principalmente por historiadores y antropólogos. También se han escrito obras literarias, novela y teatro, así como algunos representaciones plásticas, principalmente murales.

            Antonio Coello, un joven cineasta mexicano, escribió Los embustes de San Tanás (Coneculta, 2005), guión para cine sobre la rebelión tzeltal de 1712, en la que, desde la tragicomedia, refresca el discurso historiográfico y las representaciones artísticas sobre el acontecimiento.

            Coello, cuyo trabajo ha sido reconocido en distintos festivales internacionales de cine, asegura que su intención no fue hacer una crítica al trabajo académico de los investigadores, sino recuperar el humor de las versiones tzeltales sobre la rebelión.

            Los embustes de San Tanás, prologado por el historiador Jan de Vos, centra su historia en Jwan Lopes, un héroe de la rebelión que poco ha sido abordado por la historiografía.

—¿Por qué escogiste la rebelión tzeltal para escribir el guión?

—Por ser un episodio poco conocido de la historia. Se ha escrito bastante sobre la rebelión pero a nivel académico. Sólo había dos obras de teatro y dos novelas como literatura y me pareció que ninguna era fiel a la versión tzeltal.

—¿Por qué la pensaste como tragicomedia?

—Porque los tzeltales narran su leyenda de Jwan Lopes con elementos cómicos. Si ellos narran su pasado con humor por qué no habría yo de hacer lo mismo. A veces el humor es la mejor forma de abordar situaciones trágicas

—¿Qué discurso quieres construir o transmitir al elegir la tragicomedia?

—No quise construir ni transmitir ningún discurso, sólo ser fiel al tono con que los tzeltales narran su historia. En los documentos contenidos en los legajos del Archivo General de Indias está documentado un discurso rebelde que fue el que yo retomé. No construí un discurso, retomé el original de los indios rebeldes de aquel tiempo.

—¿Qué procesos o actividades de investigación hiciste previamente a la redacción del guión?

—Investigación bibliográfica, de archivo y de campo. Conocí los lugares donde nació, aduvo y murió Jwan Lopes así como versiones del relato narradas en Tenejapa, Cancuc, Huaquitepec, Bachajón, Ocosingo, Sibakja’, Oxchujk’, Cuxulja’, Altamirano, Taniperla y otros lugares. También conocí la versión de tradición oral ladina (de Huixtán y San Cristóbal) sobre la rebelión.

—Sobre Jwan Lopes, ¿recogiste los testimonios que aparecen en algunos relatos registrados o te lo contaron algunos indígenas tzeltales?

—Ambas.

—¿Crees que el guión propone una lectura novedosa de la rebelión o se impone la estética sobre el discurso social?

—No sé a qué te refieres con discurso social. El guión no impone ninguna estética. Sí creo que es novedosa la versión por conjuntar la tradición oral con la historia escrita. Hasta el momento de su publicación no se había hecho algo parecido y la versión tzeltal sigue siendo muy poco conocida entre los hispanohablantes, tanto mexicanos como guatemaltecos.

—Entonces la historia de Cancuc, en la que parece Jwan Lopes, es la versión tzeltal de la rebelión. Yo pensaba que Jwan era un personaje de la tradición oral, pero no histórico en el sentido de lo real, sino mítico. Me quedé con la duda de si este Jwan Lopes es el mismo Juan García que según las fuentes históricas fue uno de los líderes de la rebelión. Me queda claro que la versión cómica es la misma de la narración tzeltal. Cuando me refería al discurso, pienso que el hecho de escoger la comedia tiene un sentido, y a veces lo cómico es una estrategia de crítica, entonces supuse que la crítica era a los discursos académicos sobre la rebelión. No pretendía preguntarte, en este sentido, si imponías una estética, sino más bien si lo cómico en tanto categoría estética se imponía sobre una pretensión de crítica al discurso académico. Yo estoy fascinado con la historia de Jwan Lopes, con los anacronismos que usas, incluso con el juego de haberse incorporado al EZLN o que Jwan Lopes ya regresó.

—Sí, Jwan Lopes existió y era de Bachajón. En las declaraciones de varios indios prisioneros se le menciona y se llega a mencionar que lo mataron los propios indígenas rebeldes. Juan García también existió y la novela de Agustín Mencos lo retoma como protagonista. Yo nunca quise hacer una crítica al discurso académico. Tan sólo sutiles analogías con el zapatismo. Las entrevistas documentales son reales. Se me contó que andaba con los zapatistas y todo lo demás. En realidad todo es adaptación de fuentes muy diversas, pero adaptación a fin de cuentas.

—¿Por qué no se ha filmado el guión?

—El guión no se ha podido filmar por falta de recursos. Es una producción compleja y costosa por los efectos especiales, la ambientación de época y la cantidad de personajes que implica, pero es una historia que valdría la pena llevar al cine. Desafortunadamente es otro el paradigama de comedia que impera en México.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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