Marcopolo Heam//Divergente.info

 

Conocí a El Haragán y Compañía cuando estaba en la primaria. Un vecino me prestó un cassette, “escucha a esta banda” me dijo, mientras observaba a un tipo de melena larga y chaleco rosa en un fondo rojo que decía “Valedores Juveniles”. Unos días después supe que era el primer material que habían sacado a la venta en 1990, distribuido por “Discos y Cintas Denver”.

La cinta tiene diez canciones, todas ellas, hoy un clásico en el rockanrol y que interpreta en sus conciertos: Juan el descuartizador, La perra brava, Mi Muñequita Sintética, No estoy muerto, Él no lo mató, El Chamuco, Antes Me gustabas, A esa gran velocidad, ¿Qué Va a Ser de el Dios? Y Basuras.

Vivía en la orillada de la ciudad tuxtleca de aquellos años, allá por el 96, una ciudad sin tanto tráfico vehicular y de personas. En las esquinas se juntaba la banda, uno llevaba la grabadora y otro una extensión para poder conectarla en la casa del cuate más cercano; muchas veces después de echar la reta futbolera nos poníamos a escuchar rock and roll, y ese cassette sonó por varios días en la cuadra. Desde ahí, tuve el gusto por esta agrupación. Era difícil conseguir un cassette, el único lugar que los distribuía era “Discoteca Americana”, hoy desaparecida. Ahí pude adquirir algunas cintas, después empezó el auge de los CD’s y empecé a hacerme de algunos.

El Haragán ha tocado en Tuxtla en dos ocasiones, ambas en la Plaza de Toros. En esta tercera visita al estado se presentó en el municipio de Ocotepec, ubicado de lado norte a tres horas aproximadamente de la capital chiapaneca.

El presidente municipal de Ocotepunk es “rokcanrolero”, fanático de la agrupación y decidió traerlo en la Feria de San Marcos de la localidad dentro del Primer Festival Nasakobajk en las que estuvieron las agrupaciones locales La Sexta Vocal, Zoque Canibal y la Tuchtlán Ska Jazz.

Con su camisa negra y la imagen del logo del grupo impresa al frente, el alcalde subió al escenario invitado por Luis Alvarez “El Haragán” mismo que le agradeció la invitación a participar en esta feria. “Espero no haya sido una equivocación traer a un grupo de rock como Él Haragán”.

Mientras, los asistentes (jóvenes en su mayoría) aprobaban con gritos de “nooo, awuevo”, “que chido”, “chingón”, mientras alzaban el brazo, algunos con cerveza en mano. “Esperamos traer más grupos así y demostrar que el rock no es malo, gracias por su comportamiento”.

Cerca de dos horas fueron suficientes para que la agrupación, actualmente conformada por Paco Yescas, Jerónimo García, Jorge Luis “Cox” Gaitán, Leonel Pérez y Levith Vega hicieran retumbar la plaza de esta comunidad indígena zoque. Durante las primeras canciones me la pasé en la zona de prensa, hasta adelante, donde tomé algunas fotografías, no aguanté tanto tiempo y decidí irme con la banda, entre el slam, el sudor, el baño de cerveza; definitivamente no hay mejor lugar que este para disfrutar un concierto, entre los empujones y el corear las canciones.

Ocotepec cimbró al ritmo de “Juan el descuartizador”, “la perra brava”, “bajando en la esquina”; se puso romántico con “purgante de amor”, “se mujer”, “en el corazón no hay nada”; nostálgico con “los años 30’s”, “no estoy muerto” o “aburrida la vida”; y se viajó al toque de “el chamuco”, “a esa gran velocidad”, morir de noche.

Si algo hay que reconocerle a El Haragán es que a casi tres décadas de iniciar en el camino del rockanrol ha logrado mantenerse practicamente sin el apoyo de los medios de comunicación masiva y las grandes empresas disqueras, pasando por sus filas e integrando a diversos músicos que le ha dado un sonido especial en cada disco, lo que ha llevado a consolidarse en el ambito del rock mexicano.

El Haragán y Compañía inició el festejo “rumbo a los 30 años” del mítico disco rojo en Ocotepec, y finalizará lo más seguro, con un concierto en la Ciudad de México en grande; un disco que en lo personal es uno con los que me quedaría, por las letras de las canciones, el sonido y porque con ese los conocí; el segundo es “En el corazón no hay nada”, con un sonido diferente pero sin perder el estilo y las historias en sus letras.