Vladimir González Roblero//Divergente.info

UNO

Somos ficciones. Hace días, en tuiter se desató la polémica respecto a una anécdota de la comunidad judía en México (sigue el hilo aquí: http://bit.ly/2UZpgvN). Hechos e imaginaciones más o menos, la pequeña historia mezclaba el éxodo judío, escapando de Egipto hacia tierra prometida. Esa tierra la hallarían, según el relato en disputa, donde se encontrara un águila sobre un nopal devorando una serpiente.

            Lo anterior me evoca que nos construimos de historias, nos contamos. Cada una de ellas implica una representación, una ficción. Los historiadores culturales, esos caballos negros, nos recuerdan a cada rato el asunto de los relatos en nuestra cotidianidad, en nuestro pasado y hacia delante. Narraciones que entremezclan la realidad y la fantasía, donde sus fronteras se pierden cuando de identidades se trata.

DOS

¿Recuerdan a Betty Boop? Se trata de un personaje de ficción de la cultura pop norteamericana. Su éxito, a partir de la década de 1930, se debió a su imagen provocativa, mujer sexi. Aunque se inspiró en una actriz estadunidense, el dibujo animado es completamente ficticio, es decir, no guarda una relación de coincidencia con su modelo. (Mira aquí una historia: http://bit.ly/2GHlcr5)

            Por su imagen, más de uno a la fecha ha fantaseado con ella desde su lugar en la vida real. Seguramente eso quiso contarnos Jaime López, el cantautor mexicano, con su canción de añoranza titulada “¿Qué fue de la gran Betty Boop?”. Tarareo su letra:

Me he enamorado de muchas estrellas
en el burlesque, en el teatro, en el cine
de la pantalla a los magazines
toda mi vida no he visto más bellas

(…)

Pero de todas y esto es el colmo
de carne y hueso no es la que adoro
tal vez es su voz, tal vez es su look
dime qué fue de la gran Betty Boop

Escúchala completa: 

TRES

De esas ficciones nos hemos prendado, sobre todo en la juventud y primeros chalecos de dormir. Las revistas para adultos, ese eufemismo pornográfico, solían publicar en sus páginas centrales posters ad hoc. Mujeres de carne y hueso, cierto, pero convertidas en representaciones de todos los carnales instintos. Ficciones pues. Además, éstas han sido materiales para húmedos sueños y se anidan en la memoria de la secu. Muchas amistades se construyeron en el mercado negro de las revistas, y muchos amores se esfumaron al descubrir estas y otras obscenidades. Estas ficciones también son parte de las historias juveniles.

            De esos posters llamados centerfold, trata el blues de la mítica El Personal. Vuelvo a tararear:

Así te quería, de papel
Así te quería, de papel
Te escondía debajo de la cama
Te sacaba de noche y de mañana,
y contigo cómo me divertía.

Cómo me divertía
Así te quería sin hablar
Yo nunca en la vida te escuché
Desdoblaba poco a poco tu retrato
Me servías muy bien de pasarrato

Eras mi amante…
…de papel couché
(De papel couché.)

Escúchala completa: 

 

CUATRO

Otros personajes de revistas llegaron tarde a mi vida. Se trata de los surgidos en los cómics. Fue una tarde que me senté a ver Netflix. Puedo decir sin rubor que la primera serie que vi en un atracón fue Jessica Jones. Es una superheroína, de esas que salvan al planeta. Su cualidad no sólo es la fuerza física, ni la resistencia a los golpes. Esas las tiene cualquier superhéroe. Más bien tiene la habilidad de andar briaga mientras resuelve casos, no cambiarse la chamarra ni los pantalones y, paradójicamente, odiar al mundo.

            A nadie le gustan las comparaciones, pero la verdad es una antiheroína, cuyo personaje se asemeja a los surgidos de la pluma de cierto escritor del realismo sucio. Tal vez por eso, según mi bitácora, miré cada una de sus dos temporadas en el transcurso de una semana, de las que al final terminé repitiendo su nombre como adolescente.  

           

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