Pingüino Elemental//Cortesía

Dentro de las disciplinas deportivas tratadas como fenómeno social por las obras artísticas, destaca el boxeo. En cine, películas como Campeón sin corona de Alejandro Galindo, o Nocaut de José Luis García Agraz muestran las consecuencias de derrotas, abusos, mal manejo de un dinero con el que ni siquiera se soñaba, complejos de clase, amigotes parásitos y managersexplotadores. Lo mismo pasa en la literatura, en cuentos como El Rayo Macoy de Rafael Ramírez Heredia o El Albañilito Rodríguez de Gustavo Masso.

En el rock mexicano, podemos citar las canciones Nocaut de Jaime López y El campeón de Rockdrigo. Pero pese a que se trata del deporte más popular, el fútbol no ha inspirado tantas obras.

Cabría mencionar El fútbol de NaftalinaEl madruguete del mismo Choluis y Túnel 29 de Guillermo Briseño —desde la posición del fanático—, y alguna otra más por ahí.

Pero Atletic Tepis es seguramente la mejor canción sobre el tema. Aquí no se narra la caída del ídolo nacional como en el box, sino el contexto mucho más liviano del futbolista llanero, ídolo si acaso en el barrio nada más.

No obstante, el retrato sociológico sí tiene esos alcances, porque cada uno de estos mini-héroes se vuelve El rey del barrio, como en la película de Tin-Tán, una especie de líder comunal, que lo mismo manda en la cancha, que en la cantina, los tiros, la lonchería, el ligue, el albur.

Su pequeña gloria no dejará mayor huella que la del momento juvenil y el recuerdo con los amigos y la prole, pero el brillo de su momento de auge se volverá el escape presente y futuro de quien no tiene ni tendrá logros en el resto de su cotidianidad, restringida al trabajo mal remunerado, la mera sobrevivencia, los pocos y destartalados electrodomésticos que se puedan, las horas nocturnas de comedias televisivas y míseras películas de Alfonso Zayas, Rafael Inclán o Lalo el Mimo. Pero lo bailado, lo gozado, los placeres de ese momento de gloria nada podrá borrarlos jamás, aunque no contengan verdadero fondo.

Sobre una música veloz de rock urbano de garra y energía, Choluis jugará con el lenguaje para crear una estampa auténtica, una Comedia humana de Balzac chilango, que retrate esa picaresca barriera del que se maquilla de orgullo y altivez su propia esclavitud de clase.

En un acierto estilístico, inserta en la rola una frase alucinada, lúdica y vivificante de la novela Tepito de Armando Ramírez (“loco, coco, te lo coloco por el coco, cojo loco”), como una voz que, pese a todo, siempre intentará reafirmarse.

El humor en las canciones

No se puede poner en duda el ingenio de José Luis Campos García, más conocido como Choluis. Cantante y compositor mayoritario del material de Trolebús, Choluis posee sobrados aciertos en la creación de rolas humorísticas. Pero como siempre, algunas creaciones se logran, pero otras no tanto.

Cuando el humor viene acompañado de un trasfondo más ambicioso que sólo conseguir la risa o la sonrisa, entonces estamos ante un auténtico hallazgo.

Muchas veces Choluis lo consigue, como en Esqueleto¡Chin, pum, cuas! Córtate esas greñas. Pero otras ocasiones uno siente que cae en cierto facilismo, como si de pronto dijera: “a ver, ¿de qué no he escrito? ¡Ah, de esto!”, y que ahí hace la rola. 

Hígados calientes sería un claro ejemplo de esta canción fácil, intrascendente, que aporta poco. Obviamente no es un problema exclusivo de Choluis, pero en él de pronto se volvió su piedra de tope. Atletic Tepis es el ejemplo de lo contrario, lo que demuestra que la capacidad de hacer humor profundo sí la tiene, innegable.

Este texto se publicó originalmente en: Las 100 mejores canciones del Rock Mexicano