Redacción//Divergente.info.- Joaquín Vázquez Aguilar, Quincho como le gustaba que lo llamaran, nació en Cabeza de Toro, municipio de Tonalá en 1947. Nacer en el seno de una familia de pescadores le permitió encontrar el tema central sobre el cual giraría la mayoría de su obra poética, el mar, el estero.

Al leer la obra de Quincho, uno se transporta al paisaje que el joven poeta guardaba en su corazón, que extrañaba a diario y que lo marco para siempre:

Vázquez Aguilar tal vez no alcanzó la fama de algunos otros escritores de su generación. Desconocido durante muchos años, en fechas recientes académicos y estudiantes se han dado a la tarea de analizar la obra poética del poeta de Cabeza de Toro.

Fue en los primeros días de enero de 1994, cuando falleció solo en su departamento, donde su cuerpo fue encontrado por su hermano, ya en estado de descomposición.

Aún hace falta investigar y reunir toda la obra de Quincho, hace falta que los lectores conozcan el mar, el estero, las garzas, desde la visión de Joaquín, mientras tanto, aquí algunos poemas del escritor de Cabeza de Toro, el poeta que vino del mar:

RECADO DE FAMILIA

En memoria del viejo Emeterio, mi padre.
I
Desde el manglar me preguntaron las iguanas por ti
Los bagres del estero también me preguntaron
El viento y sus gaviotas
Tu canoa
Tu atarraya
Mamá me preguntó por ti.
Y yo tuve que hacer este recado
Y ponerlo en el pico de la garza más blanca
A ver si en la blancura te encontraba
Y lo amarré a la tristeza del pez más profundo
A ver en que rincón del agua te encontraba
Y se lo dije a la lluvia
En su gota más secreta
Y al salitre en su yodo más recóndito
Y al más fino pliegue del vestido negro
De mamá y las hermanas
Padre
Que estamos esperando
Alguna brisa tuya entre las ramas de los mangos
Algún indicio de tu nombre en el polvo del patio
Algo que nos diga cómo te va
Don Emeterio
Cómo la vas pasando allá
En esa oscuridad que brilla
Al otro lado de nuestras lágrimas.

Poema con muerte acalorada

Me pongo a discutir con mi muerte
y me acaloro
y nos acaloramos
y en llamas
seguimos discutiendo
se necesitan trancas
fuertes sogas
ríos enfurecidos
para detener mi muerte
mi muerte me echó a correr como un caballo
agárrate
viento
que traigo
mi muerte relinchando
mi muerte desbocada
¡ay!
mi enloquecida muerte.