Ana Castro//Divergente.info

“Tus palabras perforan mi corazón”.
-Zain

 

¡Quiero demandar a mis padres, por traerme al mundo! Así, firme y contundentes, retumban las palabras de Zain en un tribunal libanés, donde el pequeño de 12 años se rebela contra la vida que le han impuesto a vivir.

Ciudades rotas, caos infinito, diferencia de clases, miseria en ebullición, inocencia perdida y aun así, la búsqueda por alcanzar un sueño, el sueño de “ser algo más, ser alguien mejor” es la esencia de Cafarnaúm, la ciudad olvidada, o al menos eso es lo que Nadine Labaki logra transmitir en su filme.

Desde hace algunos años, cineastas del oriente próximo han hecho hincapié en resaltar las duras condiciones que se viven de aquel lado del mundo. Ya lo vimos en “Me llamo Nojoom tengo 10 años y quiero el divorcio”, cuando una pequeña en la búsqueda de rescatar su niñez, subió también a un tribunal para pedir que le regresaran su infancia, aquella que perdió en el momento en que, como las tradiciones dictan, sus padres decidieron darla en matrimonio, porque la dote era más importante que dejarla vivir la vida que ella soñaba.

Algo similar vemos en Cafarnaúm, cuando Zain lucha a puño cerrado y con todas sus fuerzas por evitarle cierto acontecimiento que detonará más adelante la ira de un hermano que daría hasta la vida por una mejor “fortuna” para su amada hermana.

La ciudad olvidada toca fibras muy sensibles en torno al tema del maltrato infantil, la migración y el “patriarcado” que predomina en Asia Occidental.

Un entorno dividido, castigado por un sistema económico donde permea la miseria, la tragedia y la pena, mismas que evoca Labaki toma tras toma, escena tras escena.

Si bien la fotografía no es mala, hay desaciertos que dejan entrever que la cineasta parece usar, la violencia, la guerra, la pobreza, las familias divididas como símbolo de manipulación para buscar ese “sentimentalismo” en la audiencia.

Catarsis en toda la extensión de la palabra, una epopeya del sufrimiento infantil y la eterna lucha por preservar los derechos humanos.

En perspectiva pondría las actuaciones de dos personajes, el primero, Zain, que con sus gestos y emociones te va adentrando tanto a la historia que en verdad hace que te cuestiones si sería opción esterilizar a los más pobres a fin de evitar este tipo de situaciones, al tiempo que te hace vivir de la mano de su actuación el valor y el peso que tienen ciertos miembros de tu familia y acontecimientos en tu vida; el segundo, un pequeño de un año de edad que se roba la atención cuando montado en una olla de peltre y una patineta se convierte en el cómplice de aventura del adolescente.

Sencilla, simple y con temas que suelen abordar cineastas de aquel lado del mundo, Cafarnaúm es una película abordada con empatía y corazón, conmovedora, cuyo realismo desnuda la esencia de los que menos tienen.

¿Y ustedes, qué opinan sobre el derecho a ser o no ser padres de acuerdo a las condiciones económicas en las que se vive? ¿Demandarían a sus papás por traerlos a una vida donde los lujos, las comodidades y la no violencia son algo que no conocen? Cuéntenme aquí: @laanacastro_