Ana Castro//Divergente.info.- Este año el festival de cine indie americano más influyente, Sundance Festival, trajo consigo, si no una de las favoritas, sí una de las más rescatables películas en su edición 2017, Berlin Syndrome, que a decir verdad, se queda corta a comparación de la obra literaria de Melanie Joosten.

Dirigida por Cate Shortland y adaptada por Shaun Grant, Berlin Syndrome nos muestra la historia de un amor instantáneo que se convierte en la peor de las experiencias para la protagonista de la trama.

¡Spoiler alert!

Todo comienza cuando Clare, una fotógrafa australiana, decide aventurarse sola a retratar los edificios y construcciones de Berlín, situación que a muchos de los que somos gustosos por recorrer diferentes lugares solos atrapara en los primeros instantes. Socializando en la azotea del hostal donde se hospeda, Clare (Teresa Palmer) intenta plasmar en una imagen captada a través de una Canon, lo majestuoso del amanecer en la ciudad de Berlín, sin saber que un par de horas más tarde al salir de una bookstore el principio del fin comenzaría.

Andi (Max Rielmet, sí, sí, Wolfgang de Sense 8) un guapo y atractivo profesor hará latir el corazón de Clare desde el momento en que cruzan la mirada.

“Las personas que viajan solas están en busca de algo”, es la frase que sentará las bases para el desarrollo de este romance vacacional que terminará por convertirse en una obsesiva y tóxica relación.

Luego de una noche enigmática y confesiones, a mi parecer apresuradas, que  a veces sólo dices en la cama, tras una sesión de sexo desenfrenado, Clare descubrirá que la noche mágica que tuvo con Andi está destinada a convertirse en una extensa temporada de “amor” sin fin.

Pese a ser un tema ya conocido y bastante abordado, este thriller ofrece a ratos cierta profundidad que se preocupa por darte a conocer Clare de una manera que otros films no suelen hacerlo.

El sonido y la música son piezas fundamentales para adentrarte en ese ambiente de amenaza y peligro que Shortland busca  manejar; sin embargo luego de establecer el juego del gato que caza al ratón la película se estanca y por momentos se vuelve repetitiva y aburrida.

Con un par de secuencias de tensión trepidantes y una fotografía bien lograda, El Síndrome de Berlín se queda corta de lo que  pudo haber sido uno de los thrillers indie más memorables del 2017.

En resumen, Berlin Syndrome no es más que un drama psicológico que retrata la complejidad de una relación disfuncional, pues luego de volverse rehén de Andi, Clare terminará desarrollando por él cierta especie de dependencia aun cuando su instinto de supervivencia le dicte lo contrario, combinada con ciertos elementos extraídos de una película de horror.

Disfrutable, sí, sobre todo si tu mood al momento de verla no es el mejor, pero no lo suficiente como para recordarle en un par de años.