Ana Castro//Divergente.info.- Luego de que Chaplin y Kubrick dejaran un estándar muy alto que sobrepasar en el género de la sátira con El gran Dictador y Dr. Insólito, War Machine tenía un reto que cumplir.

Bajo una premisa “atractiva”, un productor neófito y una de las estrellas hollywoodenses más reconocidas, Máquina de Guerra pintaba para ser otro más de los éxitos de Netflix.

Tras la inversión por más de 30 millones de dólares que realizara la empresa de streaming para adquirir los derechos de “The Operators”, libro en el que se basa este film, surgió la posibilidad de que este monstruo de la red entrara con todo al pocker del cine de Hollywood.

Con David Michôd al frente del proyecto en la dirección y guión, y un reparto que va desde Brad Pitt como el general Glen McMahon, hasta Tilda Swinton como política alemana, esta adaptación cinematográfica prometía ser épica; sin embargo, se quedó muy lejos de ser lo que la cadena prometió.

Un inicio lento y poco consistente que culmina en un film pretencioso y excesivo.

Michôd en su intento por retratar “los delirios de grandeza del alto estamento militar y su desconexión con la realidad hasta extremos ridículos”, como el mismo lo mencionó, terminó por mostrar las crisis existenciales de USA de una forma aburrida y fastidiosa.

Alcanzar el éxito al precio que sea, a través de la visión de un líder en exceso egocentrista que concluye en un despido y reemplazo, vuelve de Máquina de Guerra una película que gira bruscamente de película de guerra, al drama, de personajes sátiros a las piezas históricas.

Lo rescatable, sin duda alguna, es su diseño de producción, aunado a la actuación de Brad Pitt y el intento de David Michôd por recuperar la sátira bélica. Dos horas que pueden sacarte un par de risas y entretenerte pero no lo suficiente.