Irving Niño “Fors”.Chiapas, México.- Estaba a punto de concluir la tesis para lograr el título de licenciatura de la facultad en la que estudié (que asistí… digamos, de la que egresé). La presión por terminar el proyecto a tiempo, la desesperación por no encontrar trabajo, malos amoríos, precarias condiciones económicas, etc. Así, de repente, de un día a otro mi salud se vio afectada: falta de aire, hipertensión, presión baja, ansiedad, mareos y otros achaques que realmente eran de preocupación. Obviamente paré en la Cruz Roja.
El pronóstico en ese instante era una simple baja de presión por mala alimentación, tal vez, pero no se podía aseverar nada hasta ver los resultados de una serie de estudios que me encomendaron. Una biometría hepática descartó problemas relacionados con la sangre. Un electrocardiograma descartó toda posibilidad de complicaciones de corazón y un encefalograma eliminó conflictos con la cabeza.
Entonces, ¿qué diantres pasaba? No era nada normal que sintiera esas molestias, sentir que te falta la respiración a cada cinco minutos no es nada sano, desesperación y ansiedad gradualmente a cada instante, miedo de salir solo a la calle, mareo a cada paso que daba, etc.
El diagnóstico final: ¡Cuadro (rectángulo) depresivo! Título que inmediatamente la banda bautizó como “aserejé”, haciendo alusión a una canción de unas españolas que al llegar el coro bailaban jocosamente meneando los brazos  y piernas como si tuvieran espasmos, mismos que hacían acto de presencia al darme mis malestares depresivos. Pegajosa melodía que tuvo un apogeo y que según fuentes, el contenido es meramente subliminal, invitando a la herejía y al pacto con el diablo y otras cosas más.
Era imposible que sufriera depresión (aserejé), si yo era un tipo normal, todo estaba bien (al menos eso creía), con altibajos obviamente pero nada que no pudiera remediarse. La solución: un tratamiento meticuloso de tafil y gotitas de valenvergalosproblemas, una diaria.
Por supuesto que mis amigos aparecieron inmediatamente al enterarse de mi receta (las tafiles), a diario insistían en ver cómo seguía mi salud, aparecían en mi casa como hace mucho tiempo atrás no lo hacían, era verdaderamente sospechoso, hasta que… Pues sí, las tafiles escaseaban cada vez más, pero el colmo fue cuando se extravió mi receta que autorizaba la venta del estupefaciente. En fin, bien apunta el dicho “no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre”.
Teniendo a la soledad como compañera, era momento de hacer un profundo análisis de mi vida, desde que comencé a tener uso de razón. ¡digo! ¿Por qué la depresión?, ¿Debía haber un motivo lógico? ¿no? Mmmmmmmmmmmmmmm, de niño pues hay cosas que afectan: no te compraron la golosina, el juguete o alguna babosada que ansiabas, te regañaban porque no quieres comer la sopita de letras o porque hiciste alguna tarugada como golpear a tu compañerit@ o herman@, discutieron tus papás y desquitaban su enojo contigo, te obligaban a hacer la tarea y te resistías porque estaban transmitiendo “el chavo del ocho”, te puso triste la canción de “Cepillín”, aquella que decía que se le murió su mamá, etc. ¿Etcétera? Este fue el principal punto de análisis, sí, la canción de “Cepillín”.
El contenido de esa canción de “Cepillín”, donde contaba que estaba solo con su papá porque se murió su mamá, ¡era realmente catastrófico! para un niño de cinco o seis años, escuchar que tu ídolo (debo confesar que era mi ídolo musical) no tenía con quién jugar y que quería a su mamá que estaba en el cielo, era desastroso. Me recuerdo sentado al lado de la alacena sollozando y cuestionando a mi madre porque se le murió su mamá a “Cepillín”. Si mal no recuerdo la letra dice:

“Papi di por qué , niños como yo no tienen con quién jugar y no tienen una mamá…
Al cielo voy a ir y le voy a decir que no tengo con quién jugar y con ella me quiero quedar.
Yo no sé por qué mamá se tuvo que ir, a papá le voy a pedir que me deje ir con mi mamá…
(Lloriqueos) Mami quiero estar contigo…”

¡Por favor, hasta el niño más insensible reaccionaría mínimo con una mueca de tristeza ante esta canción!

Otra melodía infantil que vino a mi mente al instante es una que venía en un acetato de vinilo de los “pitufos”, un álbum que incluía una aldea pitufa de cartón. El título de la canción: Anís verde. Un fondo musical tenue, triste y la letra la alternan entre padre Abraham y un pitufo. La canción insinúa un día en el que el duende azul recuerda a su pueblo y a su amada pitufina que dejó por viajar, y se encuentra en un bar y decide beberse una botella de anís verde.
El texto dice:
“- Padre Abraham: A su pueblo blanco y límpio, a los seres tan queridos, un pitufo recordando está.
-Pitufo: a mi amada pitufita, tan azul y tan bonita, yo le dije que pronto me verás.
-Padre Abraham: Ha pasado tanto el tiempo, ronda el mundo muy contento, pero ahora triste y solo está.
-Pitufo: Y es que los pitufos sienten, por su tierra y por su gente, como los humanos del amor.
(coro) Por favor, una botella de anís verde camarero, necesito olvidar. Por favor, hoy no me siento tan alegre, tan contento, hoy no puedo pitufar”.

Son canciones y letras que ahora parecerán graciosas, pero escucharlas a temprana edad apuesto que a cualquiera deja rastro, al menos a mí me marcó demasiado, no crecí tan feliz porque ni Cepillín, ni el Pitufo eran felices. Todo esto sonará a lamentos y lloriqueos, pero vivir depresiones a los escasos cinco o seis años de edad a causa de unas “rolitas” infantiles…
Y así, como empedernido melómano que soy, seguí consumiendo música. Grupos de rock and roll en inglés y español, bandas de México e Hispanoamérica, una que otra del Reino Unido, etc. Pero mi lado obscuro me pedía música deprimente, de dolor, obscura… un blues, Real de Catorce, un rockcito rupestre, Rockdrigo González, una baladita llegadora, Chavela Vargas, una rancherita dolorosa, José Alfredo Jiménez… pero donde si toqué fondo fue al conocer la música del catalán Albert Plá y del alemán Javier Corcobado.
Puedo recomendarlos ampliamente, siempre y cuando no tiendan a la depresión y si es así, pues hágalo bajo su propio riesgo. Canciones desgarradoras, de muerte, drogas, desamor, matanzas, sangría, ironía, sarcasmo, etc. Pero por favor no lo hagan frente a sus hijos (en caso de tenerlos), sería lamentable y examinen el contenido de la música que escuchan o escucharán sus infantes.
Es cierto que esto no ha sido el único motivo de mi depresión: guerras, hambruna, niños con cáncer, con VIH, matanzas injustificadas de animales, la condición política en México, la globalización, Bush, muertes en Juárez, en Chiapas…
Y pues, a un año del diagnóstico, no queda nada más que brindar con un buen vaso de licor, una tafilita (por si las dudas), algunos amigos y una buena canción de Albert Plá, o bien esa “rolita” popular del trío de españolas, esa que dice…”aserejé ja dejé, dejebe tu dejebe…”.

 

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