Redacción//Divergente.info

Con una población de más de 10 mil habitantes, Amatenango del valle, cuenta con una fama internacional por ser la cuna de la alfarería, y entre la población, Simona Gómez López, es la impulsora de mujeres alfareras cuyas manos moldean artesanías que han dado la vuelta al mundo.

Doña Simona Gómez López es una mujer que ha roto esquemas, que salió a gestionar apoyos para su comunidad, en temas de reforestación, saneamiento, alfarería, y que constantemente es llamada a actividades por parte del gobierno federal.

Doña Simona asegura que esa semillita de hacer esfuerzos por salir adelante, la sembró su tía, doña Juliana López Pérez, quien posó para el monumento que es un símbolo del arte de Amatenango que se encuentra en San Cristóbal de Las Casas, y quien le enseñó a luchar sin sentir vergüenza por su atuendo, sus costumbres o su lengua.

En lugares como Amatenango, los hombres se dedican a la siembra de maíz, tomate, y cultivo de rosas y las mujeres se dedican al hogar, al marido, a los hijos y a las artesanías,  ésta última es la fuente de ingresos del 80 por ciento de la población.

En mi pueblo casi todas las mujeres nos dedicamos a la alfarería y la venta de nuestras artesanías de barro representa casi la única entrada de dinero para más de la mitad de las familias de la comunidad. Así ha sido desde tiempos de nuestros abuelos. Si no vendiéramos artesanías, tampoco tendríamos dinero para producir nuestros alimentos en el campo

Las formas que les dan a las figurillas de barro, son de manera manual, no hay moldes, es talento puro, paciencia y perseverancia, talento heredado desde sus ancestros, a ella le enseñó su mamá, y a su mamá la abuelita, ella ahora le enseña a las sobrinas, “hijas, no, pero sí tengo muchas sobrinas”.

Los alfareros acuden a sitios determinados por el comisario ejidal, a unos tres kilómetros de distancia del pueblo, para la extracción del barro, en temporada de seca, y se excavan tres metros de profundidad, en este viaje que será el fruto de todo el año, van mujeres acompañadas de sus maridos o familiares, para ser ayudadas a sacar todo el barro necesario para el pueblo. “A  cada mujer le pertenecen unos 20 costales  para todo el año”, detalla doña Simona Gómez, quien insiste en que les alcanza muy bien para todo el año.

Todo el material que extraen, se almacena en el hogar de cada artesana, por la humedad que trae consigo, es necesario un proceso de secado durante 15 días, con la ayuda del sol, posteriormente se remoja en una cubeta, se vuelve a secar al sol y finalmente se mezcla con arena. Se elaboran figuras de jaguares, palomas, patos, ranas, sapos, mariposas, soles, búhos, y una gran variedad de piezas.

Ben Tzaam es un grupo de mujeres obreras del barro que surge por la demanda de elaboración de palomas, desde hace más de 20 años y en sus inicios eran apenas 10 mujeres las que desde el despuntar del alba dejan la cama para atender a sus maridos, atender el hogar y cuando el reloj marca las nueve de la mañana, 55 mujeres ya están reunidas puntualmente en casa de doña Simona, año con año, el número de féminas se incrementó y las nuevas generaciones ya están inmersas en la producción de figuras de barro.