Redacción/Divergente.info.- El desorden sagrado cerca a los hombres acota su libertad ciñendo sus posibilidades. Lo sagrado es una esfera que le señala de continuo la inestabilidad de su estar en el mundo. Por lo sagrado es que el hombre se vuelve hacia la religiosidad intentando escapar de la desesperación y de la persecución de aquello que no ve. En esta condición ocurre la novela de Antonio Ramos Revillas, Los últimos hijos, coeditada por Almadía y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

En la última casa del vecindario residencial, habita el matrimonio formado por Alberto e Irene, una casa que “convoca sus errores y derrotas” y que es asaltada durante la ausencia de la pareja. Los ladrones han violentado todo, excepto la habitación del bebé, pero el que ese espacio haya sido respetado no hará sino estallar cada partícula del interior más conflictuado, oscuro y misterioso del personaje nuclear: Alberto.

Anotaba María Zambrano que incapaz de metamorfosearse para acoplarse a las transformaciones de su circunstancia, el hombre se ve empujado a lo enigmático. La pareja ha sufrido años antes la pérdida de un bebé, evento que no han podido sepultar de la misma manera que tampoco sepultaron aquel hijo. El robo viene a cimbrar la aparente resignación que algún día buscaron a través de adquirir un reborn, un bebé simulado, y a encararlo con todos los mitos que construyen la experiencia de la paternidad.

El robo le abre la puerta al desorden trágico que le niega al hombre la identidad, ser uno igual a sí mismo, arrastrando a Alberto al enigma de sí mismo, que no es sino la ocultación de por lo menos la mitad de su ser y de las razones. Ello hace que comience a actuar bajo los efectos de un delirio. Primero encontrar a los delincuentes, y una vez que consigue esto, comienza la fijación por Carolina, la mujer que entró a su casa y que está embarazada. Si bien en un primer momento esa búsqueda es comprensible, muy pronto se le escapa de las manos cuando ésta salta hacia la obsesión que lo llevará a robar al bebé de Carolina.

¿Ha sido un impulso de dañar, o el deseo de recuperar al hijo que le fue negado? En el dilema por la explicación ambas caben. No ser padre es la vergüenza, la indignidad y la furia que caracterizan y mueven al personaje principal. Es víctima de una desmesura sagrada, la frenética lucha por restituir lo que la vida le ha arrebatado; no hay fuerza que pueda anteponerse a la guerra que le declara a su propio destino.

Qué es el hombre frente a esa potencia ciega sino un azar de emociones y reacciones, las opciones lo rompen, lo hilvanan, lo destruyen mientras le devuelven un ligero sabor de vida.

Los sistemas culturales han elaborado todo un entramado simbólico sobre la paternidad, un sistema de convenciones que esta novela viene a poner bajo la lupa de la interrogación. La presencia de lo secreto que de pronto se revela en toda su crudeza, arraiga a esta novela en el terreno de lo siniestro, porque no se puede develar el enigma sin que nos veamos obligados a descubrir la simiente tortuosa, laberíntica y aterradora de lo que somos.

Es realidad lo cambiante, lo inconstante lo informe, lo que no nos atrevemos a aceptar de nosotros, a eso el autor le da no sólo una forma en el personaje central, sino una historia. La historia de la paternidad perdida, inalcanzable, la paternidad negada por la terrible fuerza que los griegos nombraron primero como physis y más tarde como hado.

El autor neolonés Antonio Ramos Revillas da forma a una historia a partir de la trágica pérdida de un hijo y entra en terrenos como la sacralidad, el delirio, la capacidad humana de desafiar al destino, y aun la redención. Foto: Conaculta/Divergente.info

Antonio Ramos Revillas da forma a una historia a partir de la trágica pérdida de un hijo y entra en terrenos como la sacralidad, el delirio, la capacidad humana de desafiar al destino, y aun la redención. Foto: Conaculta/Divergente.info

Los últimos hijos es una historia de las entrañas, de lo que ahí se oculta y que nos hace ajenos a nosotros mismos, y la tragedia que obligadamente se suscita cuando se nos revela ese otro desconocido que está dentro a través del cual Alberto comete las acciones más terribles. Pero también es cierto que por el dolor la tragedia trae el conocimiento de sí mismo.

Es el dolor lo que nos permite conocernos y probablemente romper el enigma, la única posibilidad de convertirnos también en el otro. Hasta que la tragedia no estalla con toda claridad ante sí mismo, Alberto está aislado, enfurecido, el dolor de la pérdida del hijo se encuentra encapsulado, esa esfera se rompe cuando la tragedia, como es su mecanismo, hace posible la catarsis. Entonces puede ver con claridad hacia fuera, pero sobre todo hacia dentro de sí mismo, el dolor libera al protagonista, entonces tal vez la purificación, la redención sean posibles.

El libro Los últimos hijos, de Antonio Ramos Revillas, se presentará el miércoles 11 de noviembre a las 19:00 horas en el Centro Cultural Elena Garro del Conaculta, calle Fernández Leal No. 43, Barrio La Conchita, Coyoacán.

Antonio Ramos Revillas nació en Monterrey en 1977. Egresado de Letras Españolas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2005. Fue seleccionado por el Hay Festival, el British Council y Conaculta como uno de los mejores narradores menores de 40 años del país. Ha participado en las antologías: Grandes hits, Vol. I. Nuevos narradores mexicanos (Almadía, 2008), Trazos en el espejo, 15 autorretratos fugaces, Sólo cuentos, Vol. VII. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés y al polaco. Dirige la editorial 27 Editores. Recibió el Premio UANL a las Artes 2015 por su trayectoria literaria.