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¿En dónde habita el alma de la ciudad? He descubierto que se conserva en los parques atiborrados de morrillos dando piruetas, en las polvosas calles del cerro donde las madrecitas dan vuelta a la tortilla sobaquera, o en la barda donde se recargan los batos del barrio a jugarle al histrión. Esa ciudad es la que nos muestra Carlos Sánchez; en este libro recrea a través de su pluma el lugar que se ha  vuelto su entraña: el barrio.

La ciudad del soul es una cachetada violenta para aquellos que aseguramos que no hay nada interesante qué escribir. Es una impronta de periodismo en el espacio próximo, un retrato de la gente que a diario sale a la lucha, a la vida.

Este libro es música para esta ciudad inhóspita, donde el anonimato se vuelve la daga que entierra nuestras luchas, como la  historia de  la mamá de los jóvenes desaparecidos que nos narra Carlos en este libro. Esta urbe nos  recluye en el anonimato brutal donde las historias que conocemos son las de los políticos sin alma, de los artistas soberbios y los asesinos temibles.

Es hora de volver a las historias de nuestra gente, la que camina a nuestro lado, con la que nos rozamos mientras nos apretujamos en el rula.

Para nuestra suerte, Carlos lo hizo.

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Ciudad del soul es un documento periodístico valiosísimo, el cual se vale del periodismo narrativo para contar historias de personajes de esta ciudad. Ahí, encontrarás a los asesinos del barrio, a los amigos de su infancia, al mismo autor describiendo la Ciudad del cielo, un cuartucho que contiene sus recuerdos.

No hay temeridad en sus palabras, más bien gratitud. No hay regocijo del dolor, sino una palmada de alivio. No hay moralismos, pero sí denuncia.

Así recorremos los paisajes de esta ciudad. Las palabras inaprensibles de un personaje de su barrio vapuleado por la policía. La forja de una madre soltera que sale cada mañana a la maquiladora. La soledad de la cárcel.

Aquí recobra su lenguaje, su ritmo, volvió al barrio. Sin embargo, me ha dicho que nunca le ha gustado quedarse en lo cómodo. Por eso escribió En el mar de tu nombre, un texto donde quien lo ha leído, no pensara que es él. Por el momento, disfrutemos esta canción de la ciudad.

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Un día platicábamos por Facebook y me paso la Ciudad del cielo, un relato de La ciudad del soul. Aquí algo de ese texto:

-Unos dos tres y pa’ bajo… don Panchito no aguantó que lo mojaran, qué culero el jefe, si el agua le cayó del techo, don Alex nomás pasaba por ahí. Qué pasó, Alejandro, por qué mojas a don Pancho, él no se lleva así contigo, soltó la frase mi padre y encandiló a don Panchito quien lanzó los puños hacia el rostro de don Alex. Vino la aclaración entre risas: se dieron buenos chingazos los dos, pero qué culero, nomás por la ocurrencia del jefe.

Escribir se ha vuelto un exorcismo. Estas palabras tienen la fuerza de un mazazo de realidad, marcan el ritmo del recuerdo que apretuja nomás de pensarlo. Estas palabras nos invitan a escudriñarnos en nuestra desgracia, a reinventarnos. Sirvan estas letras para ataviarnos de empatía y voltear a esa ciudad que hemos olvidado: el barrio, el parque, la acera.

Por último, Carlos escribe del barrio porque lo conoce de pe a pa. Pero ¿Qué viene? Ahora debe sorprendernos, porque como su lector, cada vez hay que exigirle más.