El difícil camino de la comunidad LGBT migrante que huye de la violencia

El difícil camino de la comunidad LGBT migrante

by Marcopolo Hernández

Jeny Pascacio//Marcopolo Heam//Divergente.info.- En el 2019, rentaron un autobús en Sonzacate, El Salvador, para llegar a la frontera con México. Lograron entrar al país con conocimiento de sus derechos de protección internacional y sin separarse para evitar las detenciones del Instituto Nacional de Migración.

Tras un viaje que duró 16 horas, un grupo de personas de la comunidad LGBT de origen salvadoreño —que soñaba con llegar a territorio estadounidense—, se instaló en la ciudad de Tapachula, Chiapas, para tramitar la visa humanitaria y la solicitud de refugio que les permitiera avanzar de manera regular hasta la frontera norte de México.
La situación social en El Salvador los motivó a huir, como cientos de centroamericanos que emigran a un lugar que les de estabilidad.

 

Una larga espera

En la calurosa ciudad del Soconusco, una pequeña casa era habitada por 12 personas, entre ellas una bebé y una menor de edad; compartían el baño, cocina y cuartos; todos cooperaban para la renta y los alimentos diarios.
La COMAR prolongó los trámites y los pocos ahorros que hicieron antes de salir de su país natal, se terminaron en alimentos. Por el apoyo de algún familiar que los espera en Estados Unidos y de la gente, lograron sobrevivir.
La violencia de la que escaparon, la encontraron también en la ruta migratoria por parte de autoridades y la población.
Una de las integrantes trans, que prefiere omitir su nombre, relata la violencia y discriminación contra la comunidad LGBT de El Salvador. Ella fue golpeada por unos pandilleros por el hecho de tener gustos y preferencias sexuales diferentes.

“Me decían que les caía mal, me golpearon y me estallaron los pechos, fui al hospital y me pusieron antibióticos, me sacaron pus, tengo 21 cicatrices…”

Las amenazas de muerte y la discriminación la orillaron a escapar de Centroamérica.

 

Discriminación en México

En México las cosas no son tan diferentes, insiste otra de las integrantes, “agentes de migración me agarraron con mis tres amigos y desde ese momento me empezaron a ofender por mi aspecto, yo sólo les pedí un pequeño favor, si podían tratarme como Key y me dijeron que no porque aparecía como niño y que mi trato iba a ser igual que todos porque en realidad era hombre y no estaba en mi país para estar pidiendo derechos. Tenía que soportar todo si no que me regresaban a mi país; siempre he vivido discriminación pero nunca pensé que aquí me fueran a discriminar tanto.”

A dos años de esa travesía, el grupo se fue dispersando, algunos tuvieron que regresar a su país ante la negativa de las solicitudes pese a que sus vidas están en riesgo. Otros tomaron rumbo al norte y algunos se quedaron en Chiapas.
La tardanza de trámite provocaron la separación del grupo, una parte busca llegar a Estados Unidos y consideran que alcanzarán la libertad para vivir sin discriminación.

 

 

 

 

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