Edgar Billy Murillo/Sonora,Mx.- Aquí se ha tenido que aprender a decir “salud” con el metal de los corazones. Salud desde el agujero del proverbio aéreo de la embriaguez (loquera del chamuco enamorado), desde el inicio del humedecido disturbio que nos promete la cantina. El sudor de los egos seduce la gracia nocturna: se deben moler aquí los egos a madura edad, si no es que la clausura de la risa subyugue al menos indicado de los ausentes.

Destilada la Pluma. La guerra perpetua casi indiscutible. La Blanca estepa de los rostros hechizados, de la Alucinada Vida. Soberanos vientres apliando los desplomes indestructibles de la libertad. Tempestad acuática y ballenística que ahora se pretende confinar al peor de los olvidos… que el Seso Final interceda por amor al arte de su bullicio y explique sus realidades a rajatabla. Y mientas que la hora de los bufones, la fauna nociva y los duendes explicados a medias se releve con los totopos enchilados y los gritos de otros pianos, tristes son el recuerdo de “aquella noche”  y el deseo de otra y simulación… a la fe de uno mismo: SALUD.