Hay que aprender a utilizar la mirada
José Saramago

Joel García, Hermosillo, Sonora.- Durante una pretenciosa charla sostenida con un par de cuates asiduos a la fotografía, platicábamos acerca de la obra del fotógrafo Joel Peter Witkin, uno de los máximos exponentes de la hoy denominada fotografía construida. Sumergidos en una discusión estéril a causa de nuestros egos, hablábamos sobre si su simbolismo exagerado y su filia por trabajar con cadáveres mutilados eran meras chaquetas mentales y cosas por el estilo.

De pronto, saltó a colación el tema de éste género fotográfico que tanto ha aportado a la historia del medio, en cuanto a producción de imágenes fotográficas vinculadas con el arte se refiere: la foto/construcción.

Así pues, pronto llegamos a lo que sería el punto neurálgico de la comenta: el eterno y polémico conflicto entre arte y fotografía. De buenas que todos estuvimos de acuerdo en que dicha situación se debía en gran parte, al hecho de que históricamente la práctica fotográfica había producido harta golosina visual, lo cual, la ha relegado de lo considerado – por los puristas del arte-, como lo meramente artístico.
Más aún, en estos tiempos de sobre-modernidad donde lo digital ha trastocado exageradamente a este lenguaje, exacerbando la cantidad de basura visual que se produce y se consume.

En este sentido, coincidíamos en que la obra del maese Witkin se salva de ser frívola golosina debido a su alto grado de subjetivación estética tan característico de sus imágenes. Razón por la cual, su obra fotográfica, es considerada por la crítica especializada como vanguardia fotográfica.

Si bien, en líneas generales la fotografía construida es el acto de escenificar para la cámara, manipular los soportes, poner en escena, apropiarse de referentes tomados de imágenes creadas originalmente con fines distintos; es pues, el recurso de acudir a artificios para intervenir el acto fotográfico. Pero más allá de esta somera aproximación a su definición, habría que mencionar que la foto/construcción es la cara creativa y el lado subversivo de la fotografía.

Dentro de la literatura teórica que hay sobre el medio, existen dos planteamientos claves para entender lo fotográfico. Según Joan Costa (1991), existen dos actitudes visuales que han regido históricamente la fotografía. La actitud visual sumisa, la cual se refiere al mero acto de re-producir las apariencias de lo real-tangible-visible con la mayor objetividad posible, donde el único fin es registrar los seres, las cosas, los fenómenos, los acontecimientos. Es decir, re-presentar lo que ya hemos visto en la realidad. Dentro de la sumisión visual encontramos, por ejemplo, a la foto-documental, la foto-científica, la foto de identidad. Y es ésta actitud la que ha predominado en la práctica fotográfica.

Aunque es pertinente mencionar que, con la aparición de nuevas tecnologías aplicadas a la fotografía, este planteamiento tiene que ser revalorado, pues con la manipulación digital se está realizando mucha foto construida, a partir de imágenes documentales que, en el momento de ser captadas por la cámara, sólo pretendían representar la realidad. Es por ello que hoy día existe una línea muy delgada entre lo que es meramente documental y lo que se considera como construido.

(véase el trabajo de Pedro Meyer, Gerardo Montiel Klint, Gerardo Suter, Luis González Palma, autores que trabajan bajo esta tendencia).

Costa, también habla de una actitud visual subversiva, haciendo alusión a la utilización de la fotografía como medio de expresión creativo. Ésta, es una postura visual bastante libertaria, pues no se encuentra supeditada a los parámetros de lo real-objetivo, sino que abre la puerta de entrada a los derroteros de la imaginación, la abstracción y la experimentación. Es de ésta actitud de donde se desprende la fotografía construida.

Pudiera pensarse que por sus características rebuscadas de subjetivación estética, o por poseer ciertos atisbos de vanguardia, el constructivismo fotográfico surgió años después de la invención de la fotografía. Sin embargo no sucedió así, debido a que, a diferencia del lenguaje pictórico que solo tenía como referente a la realidad para crear sus imágenes, la fotografía en cambio, no sólo gozaba de la realidad-tangible para erguir su lenguaje, sino también tenía como referencia inmediata a otro método de representación de la realidad: la pintura. Que hasta el momento (primera mitad del ochocientos), era el procedimiento por excelencia para representar las apariencias de lo real.

Así pues, contrariando lo que comúnmente se cree sobre los albores de este lenguaje, los primeros fotógrafos no solo empezaron a retratar la realidad que les rodeaba, su contexto, su espacio, su tiempo real (si es que lo hay) sino que, en ese proceso de búsqueda por la constitución de un lenguaje formal, los aprendices de fotógrafos, sobre todo aquellos que buscaban vincular de alguna forma al nuevo procedimiento con el arte, se fijaron por obvias razones, no tanto en la realidad que les circundaba, sino más bien en las imágenes de un arte ya constituido: el pictórico.

Autores como Félix Nadar, Julia Margaret Cameron, Oscar G. Rejlander, Henry Peach Robinson, todos pertenecientes a la generación que vio surgir a la fotografía, son los padres de este estilo tan peculiar y harto vigente de producir imágenes fijas con alto contenido pictórico.