Pontxo Hierbas.– Desde pequeño dice mi mamá que me gusta andar en el rol, siempre me cuenta la anécdota, un poco para justificar mis ganas de “andar de pata de perro”, que a los 3 o 4 años, para poderme dormir, tenían que sacarme a dar una vuelta montado en la camioneta que en ese entonces tenía mi papá, pues de otra forma no conseguían hacerme dormir. Mágicamente antes de regresar a la casa ya estaba plácidamente dormido.

A los 18 años empecé a viajar solo, cada vacaciones de verano y de fin de año agarraba la mochila con dos o tres prendas de vestir, un chingo de ilusiones y de ganas de conocer ciudades nuevas y me lanzaba a la aventura. Nunca le pedí permiso a mis padres, simplemente les avisaba que me iba y no sabía cuando regresaba.  Así pude conocer varias ciudades del país y se me abrieron los ojos, pues ahora comprendía que había más allá de la salida de Tuxtla Gutiérrez.

Desde hace cinco años se me complica viajar como antes, sabiendo cuando me iba pero sin saber cuando regresar. La vida laboral gana terreno y ahora tengo que planear detalladamente las vacaciones para irme de viaje y aprovechar los 7 días que tengo para disfrutar.

A veces, la empresa donde trabajo nos lleva al DF y de ahí a Puebla en viajes exprés para capacitarnos en alguna novedad tecnológica que aplicamos en nuestra labor diaria. Recién, hace una semana me tocó hacer uno de estos viajecitos de volada y de volón y aproveché para hacer algunas imágenes que ahora presento.

 

Como dice la “canción para mi muerte” de Sui Géneris:

“Es larga la carretera
cuando uno mira atrás
vas cruzando las fronteras
sin darte cuenta quizás”

 

Entre la ventana del taxi, del avión, del autobús, siempre cabe la posibilidad de ver más allá. Lo más difícil a veces, o casi siempre, es el regreso. Difícil decirle adiós al DF, sobre todo si volteo a ver la ventanilla… solo van quedando recuerdos en mi mente, momentos, personas…
1 abrazo fugaz que se vuelve eterno
 1 mirada, muchos silencios
s i l e n c i o s

 

tan tan